Técnicas de explotación del ganado porcino ibérico en la dehesa extremeña






Técnicas de explotación del ganado porcino ibérico en la dehesa extremeña

Hablar de la ganadería porcina en la dehesa se corresponde de forma unívoca con la explotación del cerdo ibérico, siendo en los sistemas adehesados donde se localiza la práctica totalidad de su censo. En los últimas décadas ha experimentado una fuerte recuperación debido a la creciente demanda de esta especie por parte de las industrias de embutidos y salazones, habiéndose revalorizado más las dehesas arboladas con buenas producciones de bellota. El cerdo ibérico es el animal que mejor utiliza los frutos de las quercíneas, aprovechando también otros aportes alimenticios de procedencia natural, como hierbas y rastrojeras. Por ello puede afirmarse que el cerdo ibérico es el animal básico para el mantenimiento y conservación de las dehesas arboladas.
El sistema de explotación del porcino en la dehesa se efectúa con el aprovechamiento de los recursos de la montanera y el pastizal como fuente fundamental de alimentación en la fase final del ciclo. Sin embargo, la explotación del porcino está condicionada por los aportes de cuantiosos inputs energéticos, en contraste con las otras especies ganaderas explotadas. Este factor confiere el carácter semiextensivo de algunas fases del ciclo, debido a características propias del sistema de explotación.

Tradicionalmente, en los sistemas de dehesas se dan diferentes fases en la explotación del porcino, que son la cría, recría y engorde en cebo o montanera, que constituyen el ciclo completo del porcino ibérico. La fase de cría llega hasta que el animal alcanza aproximadamente los 23 kg de peso. La lactancia de los lechones se complementa con piensos compuestos específicos. El destete suele realizarse a los 56 días (período de lactación), y con pesos entre 13 y 15 kg, aunque si se quiere maximizar la producción debe realizarse de forma precoz, ya que así disminuyen los días entre partos y se aumenta la relación lechones/cerda y año. A partir de este momento el lechón se alimenta exclusivamente de piensos, hasta alcanzar un peso próximo a los 23-25 kg (período de postdestete), iniciándose a continuación la fase de recría.

La fase de recría es la etapa de crecimiento y transición hacia la montanera. El animal está en contacto con el medio, simultaneando el aprovechamiento de los recursos pastables y la complementación con concentrado. La duración de esta fase dependerá, en gran medida, de la época de la paridera y de la disponibilidad de recursos. En este período el animal pasa por dos etapas: marrano (hasta 5 meses ó 50 kg) y primal (alrededor de los 100 kg). A pesar de ser una etapa transitoria hasta el comienzo del cebo, es muy importante, ya que en ella se desarrolla el esqueleto del animal. Este necesitará aportes suficientes de calcio y fósforo para una buena formación del tejido óseo que le permita soportar el peso que llegará a alcanzar durante el cebo. No hace mucho tiempo que los animales se alimentaban de pasto, con un aporte complementario de cereales (principalmente cebada), si el pasto escaseaba, hasta la entrada en rastrojera a principios de verano. Con la mecanización de la agricultura son escasos los recursos que quedan en el suelo para el pastoreo, por lo que el periodo veraniego ha de ser cubierto con piensos compuestos.
Finalmente, el animal entra en la fase de cebo o montanera, hasta su sacrificio con un incremento de peso de 700 a 1.000 gramos diarios y con un consumo de 8 a 10 kg de bellota por cada uno de reposición cárnica. Este período se caracteriza por el aprovechamiento de los recursos pastables de la montanera (bellota, pastos, frutos, bulbos, etc.). Cuando el aporte de los recursos de la montanera es menor se realiza en las explotaciones el modelo de recebo, mediante una complementación de cereales y pienso. Este sistema comporta una disminución de la calidad de las producciones. Al final de esta fase el animal alcanza unos 160 kg de peso vivo.

En los sistemas de dehesas puede encontrarse que en una misma explotación se dan simultáneamente el conjunto de estas fases o sólamente se centren en períodos de recría y montanera. Existen también explotaciones con reproductores de ciclo único, donde parte de los efectivos destinados al cebo ejercen ocasionalmente como reproductores, proporcionando la camada que ejercerá como reproductores antes de la montanera siguiente. Los rendimientos físicos en estos sistemas de explotación son inferiores a los observados en el porcino tradicional de cría, debido a que la temprana edad de los reproductores ocasionales comporta un importante descenso en la fertilidad y prolificidad de la camada. Se observa que en este sistema de explotación los rendimientos medios por cerda reproductora se sitúan entre 4 y 7 crías netas. Este indicador es bajo si se compara con sistemas clásicos de cría del porcino ibérico, con un único parto al año. De esta forma, el estado fisiológico del animal y las características maternales actúan como factor limitante, no obteniéndose mayores rendimientos si no es mediante sistemas de manejo muy cuidados.

En el cuadro 11 se recogen los indicadores de productividad, expresados en crías nacidas por hembra reproductora, observados por diferentes autores en el ámbito de las explotaciones de dehesas. Se aprecia que los rendimientos medios son, aproximadamente, de 8 crías nacidas por cerda y parto, de las cuales 6 ó 7 lechones son destetados.

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